Pecado

El Libre Albedrío Moral del Creyente (La Santificación)

Una vez que una persona ha sido regenerada por el Espíritu Santo y se convierte en creyente, la voluntad ya no es simplemente “esclava del pecado”, sino que ha sido liberada para poder querer y hacer el bien.

Este es el ámbito de la Santificación, donde el libre albedrío se ejerce diariamente en la relación con Dios.

Aquí están los puntos clave de cómo el libre albedrío se manifiesta en la vida del creyente:

  1. La Capacidad de Obedecer
  • Libertad Restituida: La Teología Bíblica enseña que, a través de Cristo, el creyente recibe un nuevo corazón y el Espíritu Santo (Ezequiel 36:26-27). Esto le da la capacidad interna y el deseo de obedecer a Dios.
  • La Elección de la Ley: El creyente elige activamente someterse a la ley y voluntad de Dios. Romanos 7, por ejemplo, ilustra la lucha (la tensión de las dos voluntades) pero también la elección constante de la voluntad regenerada de agradar a Dios.
  1. La Práctica de la Disciplina Espiritual

El libre albedrío del creyente se ejerce en las decisiones cotidianas de la vida de fe:

  • Oración: Elegir dedicar tiempo para hablar y escuchar a Dios.
  • Estudio Bíblico: Elegir nutrir la mente con la Palabra de Dios.
  • Servicio: Elegir amar al prójimo y usar los dones para el Reino.

Cada una de estas acciones es un acto de la voluntad que podría ser ignorado, pero que el creyente elige hacer para crecer en santidad.

  1. El Concepto de “Gracia y Esfuerzo”

La mayoría de las tradiciones cristianas sostienen que la santificación es un proceso de cooperación (conocido como Sinergismo o Monergismo calvinista moderado de santificación):

  • Dios Obra (Gracia): Dios provee el deseo y la capacidad (“Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” – Filipenses 2:13).
  • El Creyente Obra (Libre Albedrío): El creyente debe ejercer su voluntad (“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” – Filipenses 2:12).

En conclusión, el libre albedrío moral del creyente no es una libertad absoluta, sino una libertad liberada y sujeta a Cristo. Es la herramienta que Dios usa en el proceso de la santificación para que el creyente elija diariamente vivir una vida que honre la salvación que ya ha recibido.

Pablo no solo les recuerda que han sido salvos (un acto divino), sino que inmediatamente les da mandatos explícitos sobre cómo deben usar su voluntad regenerada para vivir.

Colosenses 3 (Leer antes de seguir Aquí): La Voluntad del Creyente en la Práctica

El capítulo 3 divide la vida cristiana en dos grandes áreas que requieren elección activa:

  1. La Elección de “Quitarse la Ropa Vieja” (Actos Pecaminosos Fuera)

Pablo les ordena a los creyentes activamente dejar de lado las prácticas pecaminosas. Esto es un ejercicio directo del libre albedrío.

  • El Mandato: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).
  • El Ejercicio del Albedrío: El creyente, ahora que tiene una nueva naturaleza, debe elegir decirle “no” a estas prácticas. No es una eliminación automática; es una disciplina de la voluntad habilitada por el Espíritu.
  • Otros ejemplos: Desechar la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia y las palabras deshonestas (v. 8).
  1. La Elección de “Vestirse de Ropa Nueva” (Decisiones de Voluntad Positivas)

De la misma manera, el creyente debe activamente vestirse de las virtudes de Cristo.

  • El Mandato: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12).
  • El Ejercicio del Albedrío: Nadie es misericordioso o paciente sin elegir serlo. Esto requiere esfuerzo intencional y la sumisión de la propia voluntad a la guía del Espíritu Santo.
  • La Clave: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (v. 14). Elegir amar es el acto más elevado del libre albedrío del creyente.

Colosenses demuestra que el libre albedrío, una vez liberado por la salvación, se convierte en el motor de la santificación. La vida cristiana es una serie continua de elecciones morales —decisiones de la voluntad— donde el creyente, habilitado por la gracia, elige diariamente el camino de Dios sobre sus viejos hábitos.

El libre albedrío no solo decide la entrada al Reino (la salvación), sino que también determina la calidad y el camino de la vida dentro del Reino (la santificación).

La tensión entre pecar y no pecar es, quizás, la experiencia más fundamental y constante del creyente en el ámbito del libre albedrío moral después de la salvación.

En la Teología Bíblica, esta tensión tiene un nombre específico: la Lucha de la Carne contra el Espíritu.

Aquí explicamos los componentes y la dinámica de esta tensión, tal como se describe en la Biblia:

  1. La Naturaleza de la Tensión

Esta lucha surge porque el creyente tiene dos naturalezas coexistentes:

  • La Vieja Naturaleza (La Carne o el Viejo Hombre): La tendencia al pecado que heredamos de Adán. Aunque su poder dominante fue quebrado en la salvación, su presencia y sus deseos pecaminosos persisten.
  • La Nueva Naturaleza (El Espíritu o el Nuevo Hombre): La nueva vida dada por Dios en la regeneración. Esta naturaleza desea agradar a Dios, busca la justicia y está alineada con la presencia del Espíritu Santo en nosotros.
  1. La Descripción Clásica de Pablo (Romanos 7)

El apóstol Pablo describe esta tensión interna de manera muy poderosa.

“Porque lo que quiero hacer, no lo hago; sino que lo que aborrezco, eso hago.” (Romanos 7:15)

“Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” (Romanos 7:22-23)

Esto subraya el papel del libre albedrío en esta tensión:

  • La Mente (Voluntad Regenerada) Desea el Bien: El creyente quiere obedecer a Dios. Su libre albedrío, bajo la influencia del Espíritu, elige la Ley de Dios.
  • La Carne (Residuo Pecaminoso) Oprime el Albedrío: Hay una fuerza persistente que tira de la voluntad hacia el pecado, haciendo que el creyente a menudo falle en su intento de hacer el bien.
  1. La Solución Bíblica: Elegir al Espíritu (Gálatas 5)

La forma de resolver (o al menos manejar) esta tensión es el uso intencional del libre albedrío para someterse al Espíritu Santo.

  • El Mandato: “Andad en el Espíritu, y así jamás satisfaréis los malos deseos de la carne.” (Gálatas 5:16).
  • El Ejercicio del Albedrío: El creyente debe elegir “andar en el Espíritu”. Esto se traduce en actos de la voluntad como la oración, el estudio de la Palabra, la adoración y la comunión con otros creyentes.
  • El Resultado: Al elegir consistentemente la sumisión al Espíritu (usando su libre albedrío para ello), la influencia de la carne se debilita. El resultado de esta elección son los “frutos del Espíritu” (amor, gozo, paz, etc.) en lugar de las “obras de la carne” (v. 19-23).

En resumen, la tensión entre pecar y no pecar es la arena donde el creyente ejerce su libre albedrío moral continuamente. No es una lucha por la salvación (que ya está asegurada), sino por la santificación (vivir una vida que refleje la salvación recibida).

La clave para el creyente es el uso consciente de su voluntad liberada para elegir la dependencia del Espíritu Santo sobre los deseos persistentes de la carne.

El Libre Albedrío y la Seguridad Eterna

La doctrina de la Perseverancia de los Santos, a menudo resumida como “Una vez salvo, siempre salvo” (aunque esta frase es simplista), se centra en la fidelidad de Dios, no en la firmeza de la voluntad humana.

  1. La Tensión desde la Perspectiva de la Voluntad de Dios

El creyente, en su lucha diaria (el ejercicio de su libre albedrío para no pecar), a menudo falla y peca. La tensión aquí es: ¿Mi pecado anula mi salvación?

Perspectiva La Lucha de la Voluntad Implicación del Pecado
Perseverancia de los Santos (Calvinismo) La lucha es real, pero Dios garantiza la victoria final. El verdadero creyente perseverará hasta el fin, no por su propia fuerza, sino por el poder sustentador de Dios. El pecado es una derrota temporal y causa disciplina divina, pero no anula la salvación, pues esta se basa en la elección inmutable de Dios.
Seguridad Condicional (Arminianismo) La lucha es real y crucial. Aunque la gracia de Dios te sostiene, el creyente debe mantenerse en la fe usando su libre albedrío. El pecado grave o la apostasía (un rechazo final y consciente de Cristo) puede resultar en la pérdida de la salvación, ya que esta depende de la perseverancia de la fe humana.
  1. La Función del Libre Albedrío en la Lucha

En ambas perspectivas, la lucha del creyente (el uso de su libre albedrío para elegir la santidad sobre el pecado) es vital y necesaria:

  • Evidencia de Fe: La lucha y el deseo de obedecer son la prueba de que el Espíritu de Dios está obrando en ti. Si un creyente no luchara y se sintiera cómodo en el pecado, su salvación inicial sería cuestionable.
  • Instrumento de Crecimiento: Es a través de la elección constante de arrepentirse y de buscar a Dios que el creyente madura (Santificación). El libre albedrío es el mecanismo por el cual la vida de Cristo se manifiesta.
  • Dios Mueve, el Hombre Elige: Filipeses 2:12-13 (Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad). sintetiza perfectamente esta relación: Dios te da el deseo y la capacidad de hacer el bien, pero el creyente debe elegir activamente llevar a cabo esa obra (“ocupaos en vuestra salvación…”).

En conclusión, la tensión entre pecar y no pecar en el creyente se resuelve teológicamente con la fidelidad de Dios (asegurando el resultado final) y se vive prácticamente con el uso responsable del libre albedrío (asegurando la obediencia diaria). El libre albedrío es la herramienta que le permite al creyente cooperar con la gracia de Dios en su proceso de santificación.

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